miércoles, 6 de julio de 2011

La Marcha del 8



Aletz (Montreal)

A la marcha del 8 de mayo pensamos que iba haber veinte, máximo cuarenta personas, cuando llegamos había más de cuatrocientas. Mexicanos la mayoría, pero también centro y sudamericanos, y muchos quebequenses. Son muchas muertes en México para mostrar indiferencia. Más allá de partidos y preferencias políticas, la marcha era una manera de acompañar el sufrimiento de los muertos y pedir justicia.
             Karla organizó la marcha desde el Facebook. Con los movimientos de Medio Oriente y el 15-M es imposible ignorar o menospreciar este medio. Apenas descubro las nuevas teorías del internet, pero he escuchado varias veces algo que creo es muy cierto: el internet es la herramienta más poderosa que tiene el ciudadano común para revertir su situación política, que es también social, cultural y económica. La marcha del 8 en Montreal fue una prueba más.
          Al consulado de México llegó gente de todos los credos y de todas las edades, vestidos en su mayoría de blanco, con pancartas de solidaridad con el pueblo mexicano, acompañados de una banda de música brasileña de treinta o cuarenta quebequenses. Abrió la marcha el discurso de Gilberto; en él mencionó la enorme brecha entre los gobernantes y el ciudadano, que en México se ha vuelto sinónimo de víctima o daño colateral. Luego emprendimos la marcha.
          Recorrimos las calles centrales de la ciudad. En St. Catherine, la calle más transitada de Montreal, los jóvenes se detuvieron en las aceras y nos saludaron blandiendo sus bolsas de H&M, Hilfilger y Apple. Los turistas nos tomaron fotos, y los trabajadores que estaban en su pausa fumando un cigarro o tomando un café, achicaron los ojos leyendo nuestras consignas. Un mexicano, de Guanajuato, que salía del trabajo, decidió unirse a la marcha; se trajo hasta la bici.
          Después de casi una hora de caminata, nos detuvimos en el Kiosco situado al pie del Mont-Royal, el monte que le da nombre a esta ciudad. Los primeros calores de primavera habían sacado los montrealenses de sus cuevas, formando un confeti humano sobre el césped. Nuestra comitiva, de cuatrocientas personas, lo cubrió todo de blanco. 
          Entonces subió al Kiosco Super Quebec, copia pirata —cual debe— de Super Barrio. Leyó un poema a grito pelado y a moco tendido que cimbró a la gente. Un minuto de silencio y, por último, Karla nos pidió decorar el kiosco con palomas de papel que ella misma había hecho.
          Nos quedamos al final de la marcha sentados sobre el césped, conversando con Inti, una teatrera poblana que vino a Montreal hace un par de meses promoviendo su última obra, que es también una denuncia al maltrato de las maquilas; Óscar, luchador político de la UNAM; Deni, Lily, Israel y su novia Marjo. Hablamos de la situación en México, nuestra experiencia en Montreal y el futuro del grupo. Ahora, a casi dos meses de la marcha, recuerdo con alegría un comentario del Isra:
          “Tú puedes escribir en un blog y yo hago un video, así ayudamos aunque sea en algo.”  
          Voilà.